24 de abril de 2010

Juego en la calle

   

   


Hay quien juega a buscar y a quien juega a no dejarse encontrar. Es igual que jugar al escondido de pequeños cuando la luz se ha ido en todo el barrio. Cuenta hasta 10, primero te la quedas tú y luego me la quedo yo, pero con los ojos bien cerrados, no vaya a ser que nos encontremos.

Un día me di cuenta, que aunque hayan pasado los años y de niños tengamos menos, seguimos jugando al escondido, pero en vez de hacerlo en el barrio, lo hacemos en la ciudad ó, peor aún, dentro de nosotros mismos. Entonces decidí quitarme la venda de los ojos y jugar de otra manera. Se preguntarán ¿en qué consiste el juego?
Consiste en salir a la calle, buscar y dejarse encontrar. Tan fácil como renunciar a taparnos los ojos y destapar nuestra intuición, a la que muchas veces dejamos escondida por creerla tonta, lenta y aburrida.

Así se produce la comunión de estas crónicas y relatos en un papel que se paseó por los bares, avenidas, estaciones de metro, Bancos, entre cuatro paredes, supermercados, plazas, comisarías, aeropuertos, oficinas, tiendas, parques y cabinas de teléfono de Madrid, una Ciudad Sonámbula, como muchas otras. Estas historias también me estaban buscando, ahora sólo permitan que los encuentren a ustedes.

Lilián Pallares

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21 de abril de 2010

Lluvia pink

“Aquí todos somos unos rastas falsos.
Los verdaderos rastas no comen carne,
y yo no soy ni rasta ni falso”.
ALIAS. Africano con paraguas.
Puerta del Restaurante Touba Lamp Fall.

Si en los pronósticos del tiempo decía que hoy no llovería.

No es una advertencia: la lluvia en Madrid es una guerra abierta de paraguas donde las armas de destrucción más IVA son made in China y se venden en el metro.

En mi transito angustioso, atemorizada por las puntas afiladas de los paraguas rozándome los ojos, opto por refugiarme en el primer bar de tapas españolas que se me atraviesa. Su nombre “EL Jabugo”. Allí no cuelgan sombrillas, sino patas de jamón y un par de escudos del Atleti que se sacuden con las fuertes ráfagas de viento. Las lámparas doradas que cuelgan del techo, los espejos con luces fluores-centes y una cocina de postguerra, contrastan raramente con el rosa chicle de sus paredes. ¿Será posible que el toro ibérico esté siendo desplazado por la pantera rosa como nuevo símbolo castizo?

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